Testimonios de Santidad Paulina

11/05/2011 | Cooperador Paulino

2. TESTIMONIOS DE SANTIDAD PAULINA

 A los tres ejes de la espiritualidad paulina: Jesús Maestro, camino, verdad y vida, María, Reina de los Apóstoles y san Pablo apóstol, hemos de añadir también otros hermanos y hermanas que nos han precedido dejándonos un ejemplo de cómo debe modelarse la vida paulina para ser camino de santidad.

La santidad es la prueba más convincente de la bondad de una institución eclesial y de su vitalidad, la señal de que verdaderamente ha sido querida por Dios. Lo recordaba el fundador de la Familia Paulina cuando afirmaba que “las obras de Dios se hacen con los hombres de Dios”.

“La Familia Paulina aspira a vivir integralmente el Evangelio de Jesucristo, camino, verdad y vida, en el espíritu de san Pablo, bajo la mirada de la Reina de los Apóstoles” (AD 93). Jesús Maestro, camino, verdad y vida, es, pues, el único y absoluto ideal sobre el cual debe modelarse todo paulino o paulina. Pero el paulino debe fijarse también en María, madre, maestra y Reina de los Apóstoles, que mejor que nadie nos muestra cómo acoger a Jesús en la propia vida para poder darlo a los hombres de forma completa. Luego, san Pablo es la “forma” sobre la que todo paulino debe plasmarse, en todas las dimensiones de la vida, para reproducir en sí mismo, de la manera más perfecta posible, la imagen de Jesucristo Maestro.

A estos, que son los auténticos ejes de la santidad, se deben añadir tantos y tantos hermanos y hermanas que han vivido de forma ejemplar el ideal paulino. Pero para alguno de ellos se ha introducido la Causa canónica que, esperamos, conducirá a la aprobación y propuesta oficial de veneración e imitación por parte de la Iglesia. Nos limitamos a espigar algunos elementos característicos y actuales de su santidad. 

El Beato Santiago Alberione (San Lorenzo de Fossano, 4 de abril de 1884 – Roma, 26 de noviembre de 1971). Fundador de la Familia Paulina, postuló con firmeza la idéntica dignidad de la predicación mediática y la predicación oral-tradicional, que posteriormente fue asumida por el Concilio y otros documentos posteriores de la Iglesia. Pablo VI trazó magistralmente su perfil el 29 de junio de 1969: “Ahí lo tenéis: humilde, silencioso, incansable, siempre vigilante, siempre recogido en sus pensamientos, que van de la oración a la acción…, siempre atento a escrutar los ‘signos de los tiempos’, es decir, las más geniales formas para llegar a la gente, nuestro Padre Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para dar vigor y amplitud a su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez y de las posibilidades de su misión en el mundo moderno y con los medios modernos”.  

          Además de esta genial intuición, sin duda la   dimensión más característica y conocida del Padre Alberione, hay que destacar su fe y su profunda vida interior. A la escuela de san Pablo, él encontró para sí mismo y para sus hijos e hijas el ideal unificador de la vida y la misión: “Mi vivir es Cristo” (Flp 1,21). Sin olvidar su gran humildad y la fedelidad en transmitir las insondables riquezas recibidas, destinadas a enriquecer la Iglesia…

Dejó escrito: “Así quiero pertenecer a esta admirable Familia Paulina: como siervo ahora y en el cielo; donde me ocuparé de los que usan los medios modernos más eficaces para el bien: en santidad, en Cristo, en la Iglesia” (AD 3). Todos los agentes de la comunicación social tienen, pues, en él un seguro y, podríamos decir, “natural” protector. 

El Beato Timoteo Mª. Giaccardo (Narzole, 13 de junio de 1896 – Roma, 24 de enero de 1948). Primer sacerdote paulino y primer Vicario general, es un testimonio admirable y actual de santidad. Hay que subrayar su docilidad y obediencia a las palabras y a los deseos del Fundador, “aun no comprendiendo todo” desde el primer momento, en la misión de dar vida y acompañar a las diversas instituciones paulinas. 

Otra característica suya es la fidelidad y la comprensión de la dimensión sacerdotal de la nueva forma de evangelización, realizada mediante los instrumentos de comunicación social: “La meditación de los documentos pontificios lo iluminaban sobre todas las necesidades de la Iglesia y sobre los medios modernos para el bien… Representaba bien al Señor; en el altar, en el confesionario, en el púlpito, en las conversaciones, en la clase, en los recreos… en todo el conjunto de las tareas desempeñadas y en su vida privada… era el Alter Christus”.

También destaca su capacidad de auténtico magisterio: “Era el maestro en la piedad… Fue maestro de apostolado. Él lo sentía, lo amaba, lo desarrollaba… Era un promotor de energías, un apoyo para los débiles, luz y sal en el sentido evangélico. En las familias paulinas era como el corazón y el alma” (son palabras del Padre Alberione el día después de la muerte del Beato). 

La Venerable Sor Tecla Merlo (Castagnito, 20 de febrero de 1894 – Albano, 5 de febrero de 1964). Mujer fuerte, asociada a la vocación y a la obra del Padre Alberione, no fue sólo la más generosa y fiel intérprete del Fundador en el nacimiento y consolidación de la Congregación de las Hijas de San Pablo, sino que fue también madre de las otras fundaciones de la Familia Paulina, a cuyo nacimiento y desarrollo colaborò, con discreción, con su consejo, con la oración y con toda clase de ayudas; comprendió y se identificó en femenino con el ideal apostólico del Padre Alberione, para poner en marcha la nueva Congregación de mujeres lanzadas a nuevos caminos para la realización del reino de Dios, fuertes en una educación espiritual, profesional y cultural, que las hace abiertas a todos las nuevas formas de apostolado y a todas las condiciones sociales, para llevar el Evangelio hasta los últimos confines de la tierra. 
Afirmó de ella el Padre Alberione: “Fue un alma contemplativa. Oraba en todas partes, porque continuamente y en todo lugar estaba unida al Señor; su espiritu se afinaba. Una luz cada vez más viva la iluminaba… Hacia el final de su vida, sobre todo, escuchaba, reflexionaba y sólo buscaba la gloria de Dios. En esto constituye la cumbre de la santidad”. 

El Venerable Canónigo Francisco Chiesa (Montà, 2 de abril de 1874 – Alba, 14 de junio de 1946). Fue párroco y canónigo de la Catedral de Alba. Maestro de santidad, a partir de un empeño personal de santificación, con admirable equilibrio y dinamismo desplegó una benéfica irradiación sobre el clero de la diócesis y sobre las primeras generaciones de Paulinos y Paulinas, testigos de un modo nuevo de vivir la santidad cristiana, religiosa y apostólica.

Entre las características del Canónigo Chiesa, está la de ser un hombre de cultura en el sentido más pleno de la palabra; su corazón de pastor, que transformó la parroquia, implicando a los laicos en una amplia acción pastoral; la apertura al ministero a través de la pluma y de todas las nuevas formas de comunicación, por lo que no sólo comprendió y acompañó personalmente al Padre Alberione, sino que contribuyó positivamente a la fundación y al desarrollo de la Familia Paolina.

Por el encanto de su bellezza interior, la figura del Canónigo Chiesa “adquiere una nota de viva actualidad y es verdaderamente digna de ser propuesta a la veneración e imitación de todos los ministros de Dios” (Card. Antonio Piolanti). 

El Venerable Mayorino Vigolungo (Benevello, 6 de mayo de 1904 – Benevello, 27 de julio de 1918). Rechazando todo tipo de mediocridad, Mayorino nos dejó el testimonio de algunas virtudes muy actuales, especialmente para los más jóvenes: la valiente conciencia de que la juventud es una preparación para la vida, un don entregado para una misión que hay que cumplir en la tierra para gloria de Dios y bien de los hombres; un compromiso de “progresar un poquito cada día”, no sólo en el campo espiritual, sino en toda la realidad humana y social: en el estudio, en el trabajo, en la utilización de todos los medios, come instrumentos que, a pesar de su corta edad, le permiten predicar a todos.
“Mayorino Vigolungo –afirmaba el Fundador– es el aspirante modelo de una vocación nueva en la Iglesia: vocación que exige inteligencia y visión amplia de las necesidades (eclesiales) y una apertura que abarca todas las formas modernas de apostolado… Por eso, la figura del nuevo Siervo de Dios se introduce en nuestro tiempo con toda su actualidad”. 

El Venerable Hermano Andrés Mª. Borello (Mango, l8 de marzo de 1916 – Sanfrè, 4 de septiembre de 1948). Es el modelo de los Discípulos del Divino Maestro y de los laicos consacrados al apostolado de la comunicación social. En su modo de testimoniar la santidad paulina, se puede subrayar la conciencia de compartir, como laico consacrado, al lado de los sacerdotes, la misión de la evangelización con un apostolado moderno, utilizando todos los medios de las modernas tecnologías;  la más plena entrega de sí mismo a la misión; el ofrecimiento de su vida por los llamados y per su perseverancia; la vida humilde, “toda ella consumada en la fidelidad y el escondimiento, en el compromiso de santificación, heroicamente ofrecida por el apostolado de las ediciones, por las vocaciones, por el mayor desarrollo de la Congregación, a la que él amó más que a sí mismo” (Mons. Carlo Stoppa).

El Hermano Andrés había dicho; “Sólo hay una cosa que me duele mucho. Es el hecho de que algunos no son fieles a su vocación”; y en el lecho de muerte dijo: “Renuevo el ofrecimiento de mi vida por la fidelidad de todos los llamados”. 

La Sierva de Dios Sor Mª. Escolástica Rivata (Guarene 12 de julio de 1897 – Sanfrè 24 de marzo de 1987). Fue la primera Madre de las Pías Discípulas del Divino Maestro. Desde la primera opción, que le hizo exclamar: “Señor, tú solo, y basta”, hasta la consumación de su ofrecimiento, su vida está sembrada de momentos heroicos en el ejercicio de las virtudes, en la adhesión a la voluntad de Dios, en la obediencia y en el modo extraordinario de vivir lo ordinario de la vida.

En un mundo lleno de ruidos, de medios y de mensajes que se multiplican exageradamente, conduciendo frecuentemente a la incomunicación, la Madre Escolástica se presenta con los rasgos de la mujer del silencio, con las rodillas dobladas ante la presencia eucarística del Maestro divino para presentarle la realidad que los medios de comunicación social ofrecen al mundo, para que todo sea iluminado por la luz del Evangelio.

La capacidad de escucha de la voz del Señor y el discernimiento; el don de la vida oculta en el corazón de Dios, con la mirada puesta en el Maestro Divino; la firmeza en las tribulaciones; la sensibilidad hacia los problemas sociales; la obediencia y docilidad a la Iglesia; el amor al trabajo; la alegría contagiosa, que pasa por el camino de la Pasión y vive a la luz de la Resurrección… son otras tantas actitudes que marcaron la vida de la Madre Escolástica. 

En la Familia Paulina hay, además, tres Siervos de Dios, miembros del Instituto Jesús Sacerdote: Mons. Bernardo Antonini, Protonotario Apostólico, que desarrolló un admirable ministerio misionero en Moscú; Mons. Francisco Fasola, arzobispo de Messina, que murió en Novara a la edad de 90 años, y Mons. Nicolás Riezzo, arzobispo de Otranto, “un santo obispo paulino”, en palabras del P. Esteban Lamera.

 Situación actual de las causas

En la Familia Paulina son siete, actualmente, las Causas en curso (además de la Causa de la Beata Clementina Anuarite Nengapeta, mártir congoleña, promovida inicialmente por el paulino P. Rosario Esposito (1921- 2007).

El P. Timoteo Giaccardo fue proclamado beato el 22 de octubre de 1989 por Juan Pablo II, y su memoria litúrgica se recuerda precisamente el 22 de octubre; el P. Santiago Alberione fue declarado beato el 27 de abril de 2003 por Juan Pablo II, y su fiesta litúrgica se celebra el 26 de noviembre, fecha de su muerte. Para ambos se espera un signo de Dios como prueba de su santidad, es decir, un milagro atribuido a su intercesión, reconocido y aprobado por la Iglesia, para que se pueda proceder a la canonización.

Juan Pablo II declaró también Venerables al Canónigo Francisco Chiesa (11 de dicembre de 1987), a Mayorino Vigolungo (28 de marzo de 1988), al Hermano Andrés Borello (3 de mayo de 1990) y a Sor Tecla Merlo (22 de enero de 1991). En todos estos casos se espera también un milagro reconocido por la Iglesia y atribuido a la intercesión de cada uno de los Venerables para que se pueda llegar a la beatificación.

La Causa de la Sierva de Dios M. Escolástica Rivata se abrió el 13 de marzo de 1993; tras la entrega de la Positio a la Congregación de las Causas de los Santos (el 11 de diciembre de 2009), el proceso continúa su recorrido normal.

La Causa de Mons. Bernardo Antonini, se introdujo en Verona el 11 de febrero de 2009; la de Mons. Francisco Fasola, el 26 de mayo de 2005 en la archidiócesis de Messina; y la de Mons. Nicolás Riezzo, el 27 de junio de 2005, en la diócesis de Lecce.

José Antonio Pérez