Las lecturas amenas

05/12/2010 | La palabra de P. Alberione

Servirse de las lecturas amenas para el apostolado de la prensa es sabia industria, basada en la naturaleza humana y sobre todo en el ejemplo del Maestro divino. Jesucristo, en efecto, enseñó su doctrina sirviéndose precisamente de relatos, parábolas y anécdotos siempre agradables y apropiados a las inclinaciones del pueblo que lo escuchaba.

Son lecturas atrayentes e interesantes porque se dirigen a los sentidos y especialmente a la fantasía. Mantienen viva y despierta la curiosidad, suscitan profundas impresiones que, si son buenas, costituyen un fuerte incentivo a la virtud, pero, si son malas, arrastran inexorablemente al vicio.

De ellas más que de cualquier otro género, el apóstel puede servirse para combatir la mala prensa y difundir la buena. El mundo está inundado por un mar de prensa amena.

Sac. G. Alberione